Extracto del libro “Escritos, conversación, conferencias”. Autor: Alejandro de la Sota. Editorial: Gustavo Gili
COMENTARIOS SOBRE CONCURSOS, 1969.
“Importan muchísimo las bases y cómo se tienen en cuenta. En las bases es en el único documento en donde con toda claridad se señalan el fin, las necesidades, las intenciones del tema en cuestión. Se señala en ellas, se acaba de decir, la intención. Podría indicarse aquí un peligro, una tensión que siempre, casi siempre, surge: el encuentro con la nobleza de unas bases-aun no siendo perfectas- y el mundo nuestro, lejano con frecuencia a la llamada. Existe alguien, propiedad, entidad, administración, con unas necesidades que, además, quiere cubrir de la más alta manera. Nosotros normalmente y a determinados niveles profesionales, estamos en nuestro mundo. En ocasiones se origina, en la proximidad, el DIÁLOGO DE SORDOS.
Parece como si debiéramos, desde nuestra preparación, vibrar después de oír. Oímos, y la vibración es tan fuerte que nos impide seguir oyendo y olvidamos. Es frecuente también la crítica de las bases, por otro lado lógica e indispensable. Si esta crítica se hace a igual nivel de conocimientos, no solamente es conveniente, sino que es, repitiendo, indispensable. No siempre sucede así, y nuestra crítica va más hacia las personas que a sus propuestas; sucede entonces que ÉSTAS SE OLVIDAN y siguen los sordos al habla. Negamos lo que de nosotros viene por aquella posición de una universidad del arquitecto.
Por ejemplo, un hospital, un sanatorio. En sus bases, es lógico, intervienen médicos; otras personas y otros conocimientos integran también el equipo de “basistas”. Es frecuente, sin embargo, que nuestra respuesta sea personal y no de equipo. Opinamos y obramos, en consecuencia, sobre otras bases nacidas de nuestra personal crítica. Lo peor es que sin doctores en medicina a nuestro lado, nuestro primer trabajo es negar mucho de lo que los otros doctores nos proponen.
Estamos de nuevo, y una vez más, entre arquitectura “bella arte” y la arquitectura de servicio; concebida como la primera es, en general como respondemos al hecho del concurso. Y no se entiende “bella arte” a lo Andrea Palladio, sino a lo Robert Venturi; mantenimiento a ultranza del mundo nuestro. El abismo entre nuestra acción y “lo perdido” es profundo.
Creemos siempre que el hecho del concurso es la ocasión, la gran ocasión de la gran obra; pero gran obra, en el sentido nuestro, de y para arquitectos, y esto no es así. Las obras son grandes para todos, nosotros también incluidos, pero incluidos también los demás; Este terrible equilibrio de ellos-nosotros no existe entre los buenos arquitectos y podría dudarse, si ya son tan buenos, precisamente de su soledad. Estos estudios de arquitectos son arquitectos y con lejanía olvido de puertas afuera. ¿Qué es una gran obra?”