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Crisis, capitalismo del desastre y destrucción de la educación pública

Una cita larga de Naomi Klein que considero muy ilustrativa de nuestra situación actual. La tesis de Klein es que el capitalismo de finales del siglo 20 y principios del 21 ha utilizado las crisis de todo tipo [económicas, políticas, naturales…], el shock, el miedo, etc, para imponer su mantra e desregulación de los estados, recortes en los servicios públicos y privatizaciones. El texto es un manual para entender la estrategia del actual gobierno, la Unión Europea y los inversores internacionales en la actualidad en España. El libro de Klein por otra parte tiene una interesantísima lectura desde la perspectiva del urbanismo…

Naomi Klein, 2007, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, traducción del original en inglés: The Shock Doctrine. The Rise of Disaster Capitalism, Penguin, Londres, pp: 4-5

[Sobre crisis, capitalismo y destrucción de la educación pública. El caso de Nueva Orleans y el Huracán Katrina]

Uno de los que vio oportunidades en las inundaciones de Nueva Orleans fue Milton Friedman, el gran gurú del capitalismo sin restricciones y el hombre reconocido como el autor del libro de reglas, el manual, de la economía contemporánea híper-móvil y global. Con 93 años de edad y una salud frágil, el tío Miltie, según era conocido por sus seguidores, encontró las fuerzas para escribir un editorial para el Wall Street Journal tres meses después de que se rompieran los diques. “La mayoría de las escuelas de Nueva Orleans están en ruinas,” observaba Friedman, “como lo están las casas de los niños que iban a ellas. Los niños están ahora distribuidos por todo el país. Esto es una tragedia. Es también una oportunidad para reformar radicalmente el sistema educativo”.

La idea radical de Friedman consistía en que, en lugar de gastar una parte de los miles de millones de dólares del dinero para la reconstrucción en la rehabilitación y mejora de las escuelas existentes pertenecientes al sistema de educación pública de Nueva Orleans, el gobierno debía ofrecer a las familias vales [vouchers], para que los pudieran utilizar para pagar a instituciones educativas privadas, muchas de ellas gestionadas como negocios, que serían subvencionadas por el estado. Era crucial, escribía Friedman, que este cambio fundamental no fuera una solución provisional, sino que fuera “una reforma permanente”.

Una red de think tanks de derechas tomó la propuesta de Friedman y descendió sobre la ciudad tras la tormenta. La administración de George W. Bush apoyó sus planes con decenas de millones de dólares para convertir las escuelas de Nueva Orleans en “escuelas concertadas” [charter schools], instituciones financiadas públicamente, aunque gestionadas por entidades privadas de acuerdo con sus propias reglas. Las escuelas concertadas son profundamente polarizadoras en Estados Unidos, y en ningún lugar lo son más que en Nueva Orleans, donde son percibidas por muchos padres afroamericanos como una forma de revertir los logros del movimiento de derechos civiles, que garantizó a todos los niños el mismo estándar de educación. Para Milton Friedman, sin embargo, la idea de un sistema escolar gestionado por el estado apestaba a socialismo. En su visión, la únicas funciones del estado eran “proteger nuestra libertad, de sus enemigos fuera de nuestras fronteras y de nuestros propios conciudadanos: mantener la ley y el orden, hacer que se cumplan los contratos privados, promover los mercados competitivos”. En otras palabras, proveer de policías y soldados – cualquier otra cosa, incluyendo la educación gratuita, era una interferencia desleal en el mercado.

En marcado contraste con el ritmo glaciar con el que se reparaban los diques y se volvía a poner en funcionamiento la red eléctrica, la subasta del sistema escolar de Nueva Orleans se llevó a cabo con velocidad y precisión militares. En un plazo de 19 meses, con la mayor parte de los habitantes pobres aún en el exilio, el sistema de escuelas públicas de Nueva Orleans había sido casi completamente sustituido por escuelas concertadas gestionadas de forma privada. Antes del Huracan Katrina, la junta escolar gestionaba 123 escuelas; ahora había pasado a gestionar tan solo 4. Antes de aquella tormenta, existían 7 escuelas concertadas en la ciudad, ahora habían pasado a ser 31. Los maestros de Nueva Orleans habían estado representados por un potente sindicato; ahora los convenios del sindicato se habían suprimido, y sus 4.700 miembros habían sido despedidos. Algunos de los maestros más jóvenes habían vuelto a ser contratados, con salarios recortados; la mayoría no fueron vueltos a contratar.

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