CUIDADOS. Reflexión personal
Junio 14th, 2010 by pablocanales
Cuando se habla del arquitecto es fácil que nos vengan a la mente dos imágenes muy claras; una la del arquitecto estrella cuyos proyectos son admirados, respetados y alabados, y otra, la del arquitecto que se dedica a la construcción masiva de viviendas adosadas en primera línea de costa o en urbanizaciones de pueblos del extrarradio que no hacen más que crecer y crecer. Aparte de la crisis, el arquitecto siempre se ha considerado una figura importante de la sociedad, y destaca por las buenas retribuciones que recibe de su trabajo. Pocos piensan en que la labor del arquitecto va más allá, y no me refiero a ser urbanistas o tasadores.
Leyendo los dos textos se ponen en evidencia dos factores importantes a la hora de pensar en la arquitectura, que hoy por hoy, para un amplio grupo, son inexistentes. Pensar a la hora de construir, para adecuar lo que construyamos al lugar que deseamos crear. Y tener en cuenta a las personas, y cuando digo personas, es todas las personas. Porque la arquitectura no hace otra cosa que construir para ellas. ¿Y cómo podemos hacer eso?
Empiezan a aparecer “nuevas” corrientes que apuestan por una arquitectura tal vez entendida como menos construida pero sí más humana. Es una arquitectura que se transforma, que se adecúa, que se realiza con servicios mínimos, que es rápida y en gran medida eficaz. Aunque al ser menos construida, rompe con las bases que impuso Vitruvio en sus tratados con la “utilitas”, “firmitas” y “vetustas”. Y por ello a veces resulta complicado calificarla de arquitectura como tal, aunque bueno, deberíamos de aprovechar el momento en el que estamos para cambiar un poco la mentalidad que tenemos e intentar llevar la arquitectura más allá de los campos que ya se conocen. Todos sabemos proyectar una casita de campo o incluso un hospital tradicional. ¿Pero cómo se construye el espacio virtual en el que cada vez estamos más metidos? Las secuencias de unos y ceros o los comandos, han conseguido que nuestro modo de vida haya cambiado a una velocidad vertiginosa. ¿Qué es virtual? ¿Cuánto hay de humano en una conversación por chat? ¿Existe un espacio arquitectónico, no informático, que pueda dar un lugar a una red social? ¿Qué carreteras podrían tener el mismo flujo que información que el que hay por internet cada segundo? Y qué pasa con el lugar físico donde vivimos, qué pasa con la tan necesaria ecología ¿De verdad podemos construir algo respetuoso con el medio ambiente? ¿Compensan las nuevas fuentes de energía? ¿Hay más? ¿Hay nuevos materiales? ¿Se puede reciclar una vivienda completa? ¿Es sostenible la arquitectura sostenible? Porque si llevamos esa idea más allá, siempre aparecen las trabas de los costos o la duración. Aunque bueno, la “firmitas” como ya hemos dicho, es uno de los pilares contra las que esta nueva arquitectura rompe. Y por tanto la arquitectura efímera puede ser el futuro en muchos aspectos. Una arquitectura móvil y en continuo cambio, como el estilo de vida que llevamos,
Pero las personas necesitamos algo a lo que atenernos y que toda la arquitectura se convierta en algo que transita y cambia me resulta desconcertante y poco humano. La primera necesidad que debe cubrir, y por la que surgió, la arquitectura es darnos un lugar en el que estemos seguros. Aunque eso parece que es un aspecto mejor o peor resuelto y que ahora, podemos centrarnos en dominar los nuevos campos. He citado la ecología y la virtualidad, incluyo los cuidados a las personas que es sobre lo que hemos trabajado en clase.
Cuidados, estando en un mundo en el que podemos conseguir prácticamente todo lo que queremos y vivir como queremos, parece mentira que una de las enfermedades más comunes sea la depresión. ¿Qué hace que las personas caigan en un estado de tristeza y desgana permanentes? La soledad. Estamos tan mal acostumbrados a tener que tenerlo todo solo para nosotros, que lo compartido, los cuidados, quedan relegados a un segundo plano. La individualidad llevada al extremo ha hecho que las personas dejen de tener cosas en común las unas con las otras, e intentan cubrir los vacios de los cuidados, que deberían de rellenar otras personas, con cosas que no hacen más que agrandarlos. Porque si algo está claro, es que alguien no puede cuidarse a uno mismo, cuidar es colectivo. Y por tanto, para que una persona esté “cuidada” debe pertenecer a un grupo que lleve a cabo esta labor. Que elimine la sensación de soledad que nos lleva a la depresión y al aislamiento. ¿Podemos crear colectivos con la arquitectura? ¿Por qué no? ¿Serán lugares hechos para todos? ¿O hechos por todos? ¿Precisarán de una jerarquía? ¿Funcionarán por si mismos o precisan mantenimiento? ¿Si tuviera que construir a mi grupo de amigos, cómo lo haría? ¿Se pueden edificar la amistad o la solidaridad con ladrillos? Tenemos que pensar, probar, fallar, repetir y corregir, pero al final llegaremos a unas nuevas bases para la arquitectura de hoy día.
Me gustaría elaborar un texto más teórico, con soluciones a las preguntas que planteo y que esto no las dejara en el aire, pero sinceramente, no sé las respuestas. Prometo buscarlas y compartirlas si algún día las encuentro.
Ingrid García Jonsson 3C







