El precio del tiempo

15 06 2009

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T2, Marinaleda 2009. NAR.

El lenguaje es uno de los principales medios de comunicación social. Del análisis de las formas de expresión que utilizamos podemos extraer una cartografía de pautas sociales que estructuran nuestro comportamiento y como de la manera en que nos referimos a nuestras acciones y las de los demás revelamos una escala de valores que rige nuestras decisiones.

Cuando utilizamos la expresión coloquial perder el tiempo realizamos una evaluación de nuestras actividades o las realizadas por otros. Su uso lleva implícito un barómetro aprendido culturalmente según el cual el tiempo que consideramos aprovechado es aquel que consumimos en cualquier actividad considerada productiva dentro de la comunidad. El patrón que usamos individualmente viene definido por los condicionantes de las circunstancias en las que vivimos, el cual formamos progresivamente desde nuestra infancia asumiendo las escalas de valores del sistema.

La problemática que implica el aprendizaje de esta escala de medida, como parte del proceso de integración en la sociedad, es su asunción indiscriminada, produciéndose antes de que podamos elaborar un juicio que corrija los errores que lleva implícito este código y que son los errores inherentes al propio sistema. Por tanto, aprendemos a administrar el tiempo no desde un interés común, sino según las leyes productivas impuestas desde organismos externos como la administración pública y sus instituciones, el mercado, los medios de comunicación, la publicidad…, al mismo tiempo que generamos una discriminación hacia los comportamientos externos a la norma general.

El tiempo dedicado a la diversión, al ocio no consumista, al descanso, a la investigación y aprendizaje de nuestros propios intereses, a cuidarnos y cuidar de los demás, es una necesidad tanto para desarrollarnos personalmente como en comunidad y, sin embargo, no forman parte de nuestras prioridades que organizamos de acuerdo a las subjetividades generadas por la sociedad de consumo global y según las cuales estructuramos nuestra cotidianeidad, lo que nos lleva a desarrollar un comportamiento esquizofrénico.



¿Se puede comprar el tiempo?

30 05 2009

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EE (Economic Eurasia). Cartografía de la evolución ascendente de la economía asiática dentro del mercado. Base: Modelo de portada para la revista WIRED, OMA.

En el esquema de productividad contemporánea el recurso más importante es el tiempo y su administración de la forma más eficiente será la base del éxito económico de una empresa. La reducción de la duración de los ciclos de producción, la minimización del proceso de elaboración, la agilidad y rapidez en realizar la distribución de la mercancía son cuestiones estudiadas en los grandes holdings empresariales con el objetivo de desarrollar patrones más competitivos dentro del mercado.

El tiempo, a su vez, es la principal materia de intercambio en la relación laboral. El trabajador recibe un salario en función de las horas trabajadas para la empresa, según un contrato donde se estipula la cantidad recibida por la jornada completa de trabajo. El precio contractual no es determinado por un sistema de equivalencias según el esfuerzo realizado, si no que aumenta de forma directamente proporcional a los beneficios que la actividad laboral es capaz de generar dentro de la estructura comercial definida por el mercado.

Las normas del sistema económico liberal provocan una gran descompensación en el precio del tiempo de cada trabajador. La diferencia de valor, según el contrato firmado, es fijada de acuerdo a la rentabilidad que produzca el trabajo que se desempeña para la empresa, y el salario mínimo debe permitir a la empresa maximizar los beneficios obtenidos de la venta final del producto manufacturado. En esta premisa radica la diferencia entre el sueldo de un alto ejecutivo empleado en una compañía puntera dentro del mercado y una trabajadora de una maquila subordinada a una multinacional.

En el segundo caso, para ofrecer al mercado un producto a un precio competitivo y generar beneficios a cada uno de los intermediarios que intervienen en el proceso de almacenamiento, transporte y comercialización se debe de minimizar el precio de fabricación del producto, lo que se traduce en la precarización del trabajo (salario insuficiente, condiciones insalubres, ausencia de seguridad personal y ambiental, jornadas de trabajo extenuantes, coacciones, amenazas, acoso…). Sin embargo, el valor del tiempo del ejecutivo es fácilmente devaluable si no es capaz de obtener la máxima rentabilidad de los activos de la empresa.

La realidad de la situación actual es una continua inestabilidad del valor monetario del tiempo en el mercado laboral fluctuante según la necesidad constante de aumentar los beneficios.






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