Cartografía
28 06 2009Anexo2/Anexo3. Memoria del proceso de trabajo, incorporando las entradas realizadas en meipi y en el blog del grupo.
Categorias : Proyecto, General
Anexo2/Anexo3. Memoria del proceso de trabajo, incorporando las entradas realizadas en meipi y en el blog del grupo.

Lo que vale un minuto (fotograma). Video instalación y objetos. Carmen Guzmán Martínez. 2007
La edición del FEMART de 2007 definió como eje temático principal la reflexión sobre el tiempo y la mujer. La repercusión de los esquemas temporales de la vertiginosa sociedad contemporánea en el desarrollo vital del individuo, ha producido mutaciones continuas en nuestras acciones cotidianas. En el caso particular de la mujer, la transformación de su papel social a lo largo del siglo pasado ha sido el germen de un cambio en las estructuras productivas, extendidas desde las economías occidentales al mercado global.
La liberación de la mujer del papel tradicionalmente asignado de dedicación exclusiva a las tareas relacionadas con el entorno familiar del hogar, y su incorporación al mundo laboral fue un paso fundamental para conseguir su independencia individual. Sin embargo, en la normalización de la mujer dentro del mercado profesional, se ha obviado el reconocimiento y la necesidad de valorar el trabajo de dedicación a los cuidados sociales que muchas siguen desarrollando, y se ven obligadas a compaginar con la rutina laboral, siendo obligadas a elegir entre la estabilidad personal o la progresión en su carrera. Además, no han sido erradicadas las actitudes discriminatorias por cuestión de género, a las que se han sumado a las exclusiones por razones raciales, económicas, culturales.
La video instalación Lo que vale un minuto de Carmen Guzmán, toma como punto de partida el valor del tiempo de trabajo de varias mujeres en distintos puntos geográficos con el objetivo de conocer de la diversidad de sus situaciones económicas, laborales, sociales y culturales. El tiempo se mide en base al valor económico capaz de ser generado en 60 y la variabilidad de esta cuantía según la actividad desarrollada, la edad de la persona que la realiza, las circunstancias culturales y del entorno.
La participación de mujeres reales en lugares concretos exponiendo, más allá del trabajo realizado, sus inquietudes, pensamientos, sus situacionse ideales, las visiones de la vida, sus sueños y expectativas de desarrollo personal, construyen en el espectador un mapa de tiempo con su valor económico y uno de sueños con su valor motivacional. Estas cartografías humanas se apropian de la realidad del público provocando la comparación con las situaciones personales vividas en su realidad cotidiana, haciéndonos conscientes de las diferencias y paralelismos entre individuos de distintas culturas y como existen valores y motivaciones que se convierten en directores comunes dentro de la diversidad.
El lenguaje es uno de los principales medios de comunicación social. Del análisis de las formas de expresión que utilizamos podemos extraer una cartografía de pautas sociales que estructuran nuestro comportamiento y como de la manera en que nos referimos a nuestras acciones y las de los demás revelamos una escala de valores que rige nuestras decisiones.
Cuando utilizamos la expresión coloquial perder el tiempo realizamos una evaluación de nuestras actividades o las realizadas por otros. Su uso lleva implícito un barómetro aprendido culturalmente según el cual el tiempo que consideramos aprovechado es aquel que consumimos en cualquier actividad considerada productiva dentro de la comunidad. El patrón que usamos individualmente viene definido por los condicionantes de las circunstancias en las que vivimos, el cual formamos progresivamente desde nuestra infancia asumiendo las escalas de valores del sistema.
La problemática que implica el aprendizaje de esta escala de medida, como parte del proceso de integración en la sociedad, es su asunción indiscriminada, produciéndose antes de que podamos elaborar un juicio que corrija los errores que lleva implícito este código y que son los errores inherentes al propio sistema. Por tanto, aprendemos a administrar el tiempo no desde un interés común, sino según las leyes productivas impuestas desde organismos externos como la administración pública y sus instituciones, el mercado, los medios de comunicación, la publicidad…, al mismo tiempo que generamos una discriminación hacia los comportamientos externos a la norma general.
El tiempo dedicado a la diversión, al ocio no consumista, al descanso, a la investigación y aprendizaje de nuestros propios intereses, a cuidarnos y cuidar de los demás, es una necesidad tanto para desarrollarnos personalmente como en comunidad y, sin embargo, no forman parte de nuestras prioridades que organizamos de acuerdo a las subjetividades generadas por la sociedad de consumo global y según las cuales estructuramos nuestra cotidianeidad, lo que nos lleva a desarrollar un comportamiento esquizofrénico.
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